miércoles, marzo 01, 2017

YA NO SOMOS VÍRGENES, de Ingrid Odgers

Terminé de leer hace unos días, Ya nos somos vírgenes de Ingrid Odgers, Ediciones Orlando. Versátil escritora y poeta que nos sumerge esta vez en un mundo interno, muy privado, muy íntimo con la historia de esta mujer, Erika, avecindada en la ciudad de Concepción, separada, con hijos y una difícil sobrevivencia. La novela está escrita en primera persona y tiempo presente en la mayor parte y posee un lenguaje liviano, claro y conciso, sin adornos que entorpezcan el hilo de la historia.  

Ya no somos vírgenes se divide en capítulos cortos que corresponden a experiencias diarias de Erika y su lucha por vivir, por ser, por levantar el rostro frente al mundo, a su familia, a sus padres –aún vivos-, a la sociedad, e incluso, a esos (as) amigos (as) que dieron vuelta el rostro al enterarse de su orientación sexual.

Me parece una apuesta valiente la de Ingrid pues pone sobre la mesa el tema homosexual en nuestro país; y eso es, aunque ya no un tabú, una acción de rebeldía. Y es que estamos inmersos, a estas alturas de los años y siglos, en una cultura hipócrita y hostil frente a la aceptación de aquellos que viven una sexualidad diferente. Posee la novela episodios eróticos muy bien escritos, sin ningún atisbo vulgar; y recalco esto porque tiende a pensarse que si un trabajo literario trata de la homosexualidad, es, necesariamente grotesco. Abajo con los prejuicios de una vez por todas. Ese es mi llamado. En Chile son pocos los escritores que han desarrollado estos temas, pienso, por ejemplo, en Jorge Marchant Lazcano, Pablo Simonetti, Carlos Iturra… entre otros (as);  la mayoría, varones. En poesía, sin embargo, son las mujeres las que se atreven a tocarlo con más frecuencia; y, la verdad es que en toda la literatura gay que he leído de nuestro país, tanto las historias como los versos, son reflejo del amor, de la búsqueda, de la atracción que cualquier ser humano puede sentir por otro, ya sea del mismo sexo o no.

Erika a través de su historia va dejando en claro su propia lucha, sus sentimientos, su tristeza y, a veces, desesperanza; las dificultades que enfrenta por la cesantía y la dependencia económica de su ex esposo; el desgano de no encontrar su propio sitio en el mundo, el juego que significa mentirle a todos y tener que ocultar los sentimientos que la embargan. El amor que nos relata –a María Belén- es conmovedor. No dejo de pensar en mis propios sentimientos cuando he tenido pérdidas amorosas o dudas frente a mis experiencias y no veo ninguna diferencia entre aquello que relata el personaje y yo. El amor es amor, eso es todo. No hay más vuelta que dar al tema.

Ya no somos vírgenes es una novela para conversarla, para tratarla, para hacerla pública; para que la sociedad atienda y desarrolle la inteligencia emocional necesaria y vernos, por fin, a todos por igual con iguales derechos. Las opciones son muchas en la vida, nosotras (os) tomamos los naipes que deseamos asir. Lo demás es la propia aventura y búsqueda; y, por tanto, un camino personal que ha de ser respetado.
Cecilia Palma

Santiago, marzo 2017

jueves, enero 16, 2014


JUAN GELMAN O EL POETA ELEGIDO


Por Cecilia Palma
XX Feria del Libro
Córdoba-Argentina
(Septiembre, 2005)

“Nací en Villa Crespo, en Buenos Aires. Nací ahí porque en un momento tan delicado como un alumbramiento, quise acompañar a mi madre” (1). Esta curiosa poética de vida nos devela el calibre de un poeta como Gelman. En él hasta lo más sorprendente fluye con una naturalidad digna de ancestrales sabidurías. El poeta nace en 1930. En su juventud formó parte del grupo “El pan duro” compuesto por amigos escritores que al calor del entusiasmo  se autoeditar sus primeros trabajos.

 El Pan duro fue un grupo bastante heterogéneo, sin embargo, entre sus miembros existen una serie de rasgos comunes que los hacen participar de un imaginario colectivo: el rescate de la urbe como protagonista de lo cotidiano,  los giros y la atmósfera de la poética del tango, el uso del lenguaje coloquial y la mancomunión de lo estético con lo político. Todos estos creadores eran parte de una juventud rebelde e inconformista que tuvo por escenario grandes hitos de la historia, en una época políticamente convulsa:  La Revolución Cubana, la intervención norteamericana en Santo Domingo, Vietnam, Argelia, etc.

            Desde el comienzo el discurso poético de Gelman fue subversivo, a pesar de las consecuencias que pudiera traerle. Violín y otras cuestiones  fue el primer libro que “El pan duro” publicó en 1956, con un prólogo entusiasta de Raúl González Tuñón. La obra se instaló inmediatamente en el escenario literario de la época. González Tuñón, a quien Gelman conociera en un recital en el teatro “La máscara”, se habría maravillado con su poesía y muy especialmente con “El caballo de la calesita”, que consideró magistral.

Trajin, ciudad y tarde Buenos Aires
Aire de plaza ruido de tranvía
(Galopando una música de tango
gira el caballo de la calesita)”...

Gelman tenía entonces 26 años; e irrumpe con su poesía en el círculo de las letras. Poseedor de una voz ágil, fresca, variada en tonos y matices donde prevalece el verso libre, sin embargo,  demuestra que también puede escribir sonetos de buena ley.

Para nadie es un misterio que la vida de Gelman no ha sido fácil. Al decir de Vallejos; “él sabe en carne propia que hay golpes en la vida tan fuertes...” Este sino trágico queda de manifiesto en gran parte de su obra:

Cuerpo que me temblás entrado al alma/
frío que me enfriás/ manito tuya
manando sombra/ sombra/ sombra/ sombra
¿paro tu deshacerte en algún lado?/

Sin duda Gelman es un sobreviviente a pesar de sí mismo, y su poesía está inserta en la otra historia de Latinoamérica; su voz ha asumido múltiples formas en lo poético. Sus desdoblamientos le permiten escribir como  John Wendell, Yaminokuchi Ando, Sydney West y otros que develan otras particularidades de su escritura. De estas singularidades nos habló a su paso por Santiago donde recibió el Premio Iberoamericano Pablo Neruda. Gelman nos explicaba que esos poetas inventados por él, le permitieron  realizar una suerte de catarsis para salirse de sí mismo. De paso, estos poetas constituían una provocación a las corrientes populistas que sostenían que la poesía tenía que ser nacional, de esta manera Gelman invierte la proposición populista al proponer con los “traducidos”, que podían ser tan argentinos como cualquier otro, y que el idioma es una manera de entender el mundo, de enfrentarlo, de padecerlo.

Gelman, transita de una tradición poética a otra y crea un lenguaje personal que en general se caracteriza por la ausencia de puntuación; la proliferación de barras diagonales al final y entre sus versos; la aparición de neologismos; que expresan lo que de otra forma no podría ser dicho; la repetición de palabras, la profusión de interrogantes en las que hay que detenerse un instante por su profundidad y cuyas respuestas dejan en silencio; el uso recurrente del diminutivo que convoca ternura, compasión, sin tener que redundar en la imagen.

La poesía de Gelman en muchos casos se vuelve determinante, es en sí misma una certeza, una verdad poética insoslayable; por ejemplo: en la conclusión del poema “Límites”, nos dice:

Sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas.
Sangran.

“El tema de la poesía es la poesía”; ha dicho Gelman. “Ella  no tiene temas prohibidos, aunque jamás, agrega, escribiría un poema a Hitler; ni siquiera para putearlo”; y nos dice –“escribir no es una mera cuestión de voluntad. Cuando me toca me toca, y no hay vuelta”.

La nueva poesía debía negar a la poesía establecida para existir como tal. El tema de cambiar el mundo desde la literatura, y en particular desde la poesía, es un concepto que abrazan las llamadas Vieja y Nueva Poesía;  la diferencia radica en los modos de ejecutar el proyecto y a riesgo de qué. En la Nueva Poesía, el poeta ya no cantará desde su escritorio sino desde la trinchera; la suya será un alma más que comparte el peligro y las vicisitudes de la vida. Un participante activo de la historia que se teje.

En Gotán por ejemplo, se muestra claramente la voz diferente que se apodera del discurso poético. Ya no más metáforas ni ritmo perfectos, sino un discurso cotidiano, que va desde una fuerte proclama a la ternura máxima. Así mismo suele cambiar los tiempos del hablante. Por ejemplo:

Ha muerto un hombre y están juntando su sangre en cucharitas,
querido juan, has muerto finalmente.

En el primer verso se identifica una imagen fuerte indicando que ha muerto un hombre; como si fuese un anuncio o un titular de periódico; en el segundo el muerto es nombrado en primera persona: Juan;  que podría ser cualquier persona, incluso el poeta. Se juega a la ambigüedad, ¿quién es el hablante?, ¿un hombre, una mujer, un padre?; y sin embargo, en el transcurso de la lectura sabemos que es una protesta desde el amor. Es en sí mismo un mensaje de denuncia y de impotencia. Deja entrever que Juan es un asesinado político; sobre todo en los dos últimos, haciendo una alusión simbólica de la inmortalidad de las ideas:

Vigilemos a ver dónde brotan sus manos
empujadas por su rabia inmortal.

El lector es el encargado de construir la realidad desde los versos, en ellos sólo se insinúa, no la aborda ni transcribe;  quien lee, se  transforma casi en cómplice del poeta rearmando la realidad a medias. Gelman trabaja con la intertextualidad, mezcla lo literario y lo ordinario o distintos niveles expresivos dentro de un mismo discurso.
Ángel Rama expresa : “A pesar del celebrado imperio de la novela en América Latina, sigue siendo la poesía, como fue desde los orígenes, el ágil instrumento de búsquedas y encuentros, la audaz y voladora vanguardia de las letras...”; y uno de sus exponentes máximos es sin duda Juan Gelman; cuya obra delata una ambiciosa búsqueda de un lenguaje trascendente, ya sea a través del realismo crítico y el intimismo, primeramente y luego con la apertura hacia otras modalidades, la singularidad de un estilo, de una manera de ver el mundo, la conjugación de una aventura verbal que no descarta el compromiso social y político, como una forma de templar la poesía con las grandes cuestiones de nuestro tiempo.  Antes del Premio Pablo Neruda; recibió en el 97 el Premio Nacional de Poesía y a principios de este año también el Premio Reina Sofía en su versión decimosexta, fallo que sería difundido por la Universidad de Salamanca, indicando que es “autor de títulos imprescindibles para la poesía Argentina y contemporánea”. A este imprescindible he tenido la suerte de conocer en su reciente visita a Chile en el mes de julio, con motivo de recibir el Iberoamericano Pablo Neruda. “El gran vínculo de su obra con la cultura popular y el carácter original, riguroso y conciso de su creación fueron las razones fundamentales que esgrimió el jurado de honor del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, para otorgar el galardón en su versión 2005”; con estas palabras el Ministro de Cultura de mi país, don José Weinstein, hizo pública la información de que el favorecido para recibir el galardón que otorga por segundo año consecutivo el Ministerio de la Cultura, era el poeta argentino Juan Gelman; justo el año en que el mundo entero celebra los 400 años de la primera edición de El Quijote de la Mancha, y que en nuestro calendario nacional estamos conmemorando a los poetas Jorge Teillier, Rolando Cárdenas, Gabriela Mistral, y a Óscar Hahn que cumple 50 años desde la publicación de su primer libro. Todos ellos, y también Gelman, entre otros;  poetas indispensables que han entregado a nuestras letras  una obra que sin duda permanecerá para las futuras generaciones de América Latina y el mundo.

Cuando nos adentramos un poco en la vida del poeta Juan Gelman y encontramos pasajes en los que cuenta su vida, donde narra, por ejemplo, que en una época enloquecida escribió 9 libros, pasando noches en vela, en las que se le encontraba por la mañana dormido sobre su máquina de escribir, recordamos en el Quijote la cita “se enfrascó tanto en su lectura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los días de turbio en turbio”... ambos tocados por la misma locura de la palabra, de la fertilidad creativa del verbo y pareciera que esta coincidencia de fechas, los premios de Gelman y los 400 años del Quijote;  no fuera casual.

A don Alonso de Quijana, las lecturas le poblaron el seso con sus obsesiones, a Gelman, incansable escritor, autor de una treintena de libros de poesía, dos óperas y libros de prosa; ha dejado en su obra, todas las obsesiones de una vida. Las suyas, nos dice; han sido la infancia, el amor, la mujer, la muerte, el otoño y la revolución. Así en su texto “Estos poemas”, nos dice:

estos poemas esta colección de papeles esta
manada de pedazos que pretenden respirar todavía
estas palabras suaves ásperas ayuntadas por mí
me van a costar la salvación

y la estrofa final:

y no me quejo ya que
ni oro ni gloria pretendí yo escribiéndolas
ni dicha ni desdicha
ni casa ni perdón


Hay que destacar que Gelman a pesar de su dura experiencia, no se dejó llevar por la derrota, al contrario siguió  buscando el milagro de vivir y su persistencia tuvo frutos: su poesía ha tenido múltiples reconocimientos a nivel mundial, pero sin duda, el hecho más importante en esta etapa de su vida, ha sido el encuentro con esa joven (su nieta) que lleva en sus ojos, los ojos de su hijo y de su nuera. Él mismo dice: “El poeta se atará al palo mayor de su ignorancia para no caer en sí mismo, sino en otro país de aventura mayor, muerto de miedo y vivo de esperanza”.


En lo personal, solo me queda decir que siento una gran satisfacción de haber compartido con Juan Gelman con ocasión del recital que ofreciera en la Sociedad de Escritores la tarde del 12 de julio del presente año. En esa oportunidad, la Casa del Escritor, allá en el Barrio Plaza Italia, era una fiesta, y la voz del poeta calaba hondo entre las más de trescientas personas que brindaron por la humanidad de su poesía.

NOTAS:
1- (Extracto de “El pibe Juan”, Revista La Maga)

jueves, febrero 10, 2011

HALCONERO

JAIME HUENÚN, poeta chileno


Si cada forastero se detiene
en la sombra del árbol sobre el agua,
yo me detengo en la lámpara de aceite,
en el pan mojado por la niebla
y en la alta ventana de la niña
que juega con su anillo en las alcobas.
Yo soy el hombre del bosque, el halconero
nocturno, embozado, cabizbajo
que olfatea al venado y a la luna
y se embriaga en los muelles de madera.
Veo el salto de los peces en las islas
que han nacido de los ahogados,
y es un fulgor de muerte que me alegra,
un cruel destello de oro en el silencio.
Los rapaces han comido de mi oreja,
de mis manos y de mi memoria;
hambrientos de sí mismos, ya no vuelan
si no sacian su apetito en mi carne.
Los boteros que ya pasan por el río
me cancelan el peaje entre las sombras:
sal marina, alcohol, tabaco de hojas,
mujeres de ordinaria contextura.
Aquí veo amanecer la luz del río
y a las aves que cantando se marchitan.
Aquí vengo a navegar por la locura
donde todos los demonios se reúnen.
Veo lejos la cara de mi padre
escuchando al sacerdote envuelto en pieles
y los libros donde escribe el polvo
el destino de los cuerpos luminosos.
Ebrio palpo el pelaje de tigrillos
que me acechan la sangre y la simiente,
animales que extraviados me padecen
y olisquean mi mirada en los reflejos.
Yo soy el hombre del monte, el pajarero
que desgarra con sus águilas el campo,
el que habla sólo con las uñas
y los picos de sus aves asesinas.


(Reducciones, Editorial del Aire, Temuco)

miércoles, febrero 09, 2011

Ventana Abierta [escrito por Christian González Díaz ]


¿Qué hacer? Caminamos, los que podemos hacerlo. Se arrastran otros. Vuelan los más afortunados. Más a la altura de nuestros ojos siempre se divisa una Ventana Abierta. Encontré primero lo que señala Cristián Gómez O. de The University of South Dakota, sobre la antología de estos veintiocho poetas de la generación que cruza los paralelos; se desfila por ellos desde los E.E.U.U. hasta el sur de la isla de Chiloé en el Chile contemporáneo, lejano y propositivo de lo realizado por las generaciones que siguen a esta, que nos presenta Julián Gutiérrez en Fin de Siglo, nueva poesía chilena de los 80. Gómez dice “que de acuerdo a lo que él mismo (Gutiérrez) señala en el prólogo, pertenecen a la generación del '87, aquella que tendría ciertas coincidencias no sólo etáreas (todos nacieron en la década del sesenta, salvo Isabel Gómez, 1959), sino también, tal como lo plantea el propio Gutiérrez, citando a su vez a Jesús Sepúlveda, una “cierta pertenencia a una visión de mundo, una sensibilidad, un lenguaje y una formación relativamente similares”. Luego leí el aporte que señala la poeta chilena de San Bernardo Anita Montrosis, que nos dice: “que toda antología sin duda es un aporte ineludible para la memoria de las letras. De Armando Roa a Víctor Hugo Díaz, de Isabel Gómez a Leo Lobos, el antologador une a 28 autores de la promoción Post-87, nacidos entre 1959 y 1967, que comienzan a publicar a partir de 1987. Este libro es una muestra poética situada en la posmodernidad”. Anita abarcó otro segmento que aparece en la antología, dando valor a las letras de presentación del libro que ahora navega entre mis horas.
Después de leer lo expuesto y comprender que, de todo, por más lejano que parezca en la retórica, podemos encontrar una ligazón que permita unir lo que en principio se dice no unido. Voy a comenzar por establecer que los comentarios que se vienen, responden a dos arbitrarias conclusiones que se han ido formando entre conversaciones, los paseos por el barrio Lastarria ahí donde se emplaza la sede de la Editorial Ventana Abierta en busca de este libro. La Editorial y el trabajo sistemático de Gutiérrez permite a los lectores, a los amigos interesados en las letras que emergen del Chile literario, formarnos desde este universo a la realidad que percibimos y situarnos en el escenario de los poetas que anteceden la generación a la que pertenezco. La primera conclusión responde a las críticas de Cristián Gómez y Anita Montrosis, que se refieren arbitrariamente, como la antología y en general las conclusiones que uno desarrolla en la vida, a los aspectos que logran encajar de manera cariñosa en el mundo adquirido por las horas de lectura, el recorrido y el encuentro con estos personajes que forman parte de la antología.

Ellos, han elegido mencionar a una parte de los poetas, por las razones que a cada uno le corresponden de acuerdo a su experiencia. Yo buscaré, y con ello aparece la segunda conclusión, mencionar la poesía de aquellos que han compartido conmigo el viaje, entregándome un portal al universo que ellos componen y dándome notas claras respecto a la búsqueda y la presencia. Señalo entonces que la razón de esta crítica, busca aumentar la invitación a la lectura de esta obra antológica, y en lo general, potenciar y espaciar de manera armónica la presencia de estos autores en la referencia que poseen las generaciones que siguen laborando en el legislar del universo.

Es así como comprendo, vivo y recuerdo. La voz del poeta transforma direccionalmente las sensaciones hacia un orden, orden en el cual “la Palabra” gobierna al pueblo, y es ella, y no el discurso quien interfiere en el pensamiento humano. Conversas en silencio. Algo fluye desde tus pupilas. Tal vez lo infinito de mi lenguaje. Así comienza el primer recuerdo del tripulante pasajero Francisco Véjar, (1967). Su poesía que es también la palabra, señala desde el comienzo de CAPÍTULO DE NOVELA, su pertenencia, su búsqueda, el conocimiento de un estado no real, el cual no podemos alcanzar para confirmarlo. Pertenezco también a esta ciudad, creo en la ficción que encarna, el sueño de alguien que no se reconoce y se busca incesantemente en los espejos… Pertenezco a esta ciudad, mas algo nos une y separa del abismo – de cuartos vacíos y sombras que se encuentran un instante en lo que está más allá de nosotros. Posee Francisco Véjar, un incalculable archivo de imágenes y experiencias que hacen de su poesía una estación permanente para los lectores que han de encontrarse con su obra. Los lugares son comunes para quienes se encuentran con sus letras, el metro, el autobús, el Austin-Mini, van situando un viaje que nos permite estar presente en su historia. La estación Leopoldo María Panero, nos hace presente el viaje, el poeta que se recuerda en su necesaria reflexión, en sus necesidades, en la cordura y la locura señalada por los espectadores y pasajeros. Aquí dejamos lata de cerveza, colillas que se acumulan en ceniceros, cenizas que se acumulan en cementerios.

Observamos el funcionamiento del camión de basura mientras el dipsómano vuelve urgente a la estación a beberse el crepúsculo Nevermore. Es tan bella la ruina, tan profunda que ni siquiera el tiempo nos puede destruir. Niebla en la calle Miguel de Cervantes, niebla en la estación Leopoldo María Panero. Disfruta Véjar del recorrido con sus personajes, les brinda homenaje a los que han de mantenerse distantes de los mercaderes de la inocencia, de la pobreza, de la hipocresía, de la falsa moral, común a todas las culturas tras el silencio de casi toda la humanidad. Mas del silencio rescata la posibilidad de platicar libremente con los vivos y con los muertos que ama.

Del mismo año, quien partió con “Piedras rodantes” en el mil novecientos ochenta y ocho. Malú Urriola (1967) denota en sus textos el placer que le provoca escribir. La realidad se hace lamentable pues estamos asistiendo, ante el silencio del mundo que no lee, a una masacre masiva, estamos siendo cómplices de la colonización del mercado, de la mundialización de los errores, y es la poesía que nace de la palabra de Malú Urriola la que coacciona para que esto se revierta y deje de ser el presente una película a la cual asistimos. Soy un sueño aberrante. Y por cargar este deforme destino he aprendido a desprenderme de las gentes como se desprenden las plumas de los pájaros, las palabras de las palabras y las hojas del viento. En el hablarse a sí misma como primera lectora denota su conciencia sobre lo infinito, su preocupación por los débiles y su mirada sobre lo trágico de su destino. Los gatos chicos a veces mueren apretados en el hocico de una perra y parece que juegan y mueven la colita pero se están muriendo. Hacen globitos con la sangre mientras la lengua arranca y el sol lúdico tironea su sombra. Vibrante participe de la ciudad y de sus recovecos. Malú nos entrega una fotografía certera de lo necesario y apunta deslices sobre lo que no debería preocuparnos. Cierro los ojos y me abandono al batir de sus alas, yo que no tengo, me conformo con escuchar el ruido del vuelo.

¿Escuchas? Son olas. Olas que se alzan para fundirse en un océano infinito, algunas se levantan como cabezas humanas en mitad del horizonte, si cierras los ojos puedes escuchar a una india cantar en mitad del desierto, y sin embargo la pasión bruta del alma enjuaga este aburguesado deseo de nombrar miserablemente hasta las cosas innombrables, el nombre del nombre, y amanece. Fui arrojada del infierno para adorar la belleza.

Punto aparte para referirme al poeta Sergio Rodríguez, (1963), que ha hecho de la pedagogía su campo de aprendizaje; las aulas, los recreos y las reuniones sus escenarios y experiencias. La manifestación de las letras de Rodríguez Saavedra urbaniza la imagen, haciéndola apta para todo público y a disposición de los transeúntes de ambas veredas. El poeta Raúl Zurita, Premio Nacional de Literatura escribió refiriéndose al libro Tractatus y mariposa, sobre la literatura de Sergio Rodriguez Saavedra: “Sencillamente magistral…,renueva la tradición del poema entendido como historia, como crónica, como testimonio, señalando un nuevo rumbo y una nueva mirada”. Decisión, cojo el lápiz como una abeja extraviada de la flor y me pregunto si el aguijón será de tinta o veneno. Sabe bien de ciudad y expresión artística, sabe de espacios y de necesidad, recorre la historia por las calles y pasajes, deja las avenidas para quienes disfruten del ruido, el smog y las multitudes. Reconoce cercana a su piel la indiferencia y restriega sobre su cuerpo la historia para desprenderse. Escribo memoria en este embarcadero cuando sus redes traen más frío del que podemos recordar. Queda solo el tejido de las barcas, el grito de Ulises llamando en vano a este perro ahogado en otro siglo. Rostros que hace tiempo parecen condición del pasado observan sospechando que trafique el vino amargo de los naufragios. De alto sentido y cadencia, Rodríguez Saavedra se muestra ante el espectador de sus letras en calma, desprendido de toda molesta interferencia al sentido, a la razón. Dejándonos conocer sus expectativas, entregándonos silencio en el minuto adecuado para permitirnos viajar con él en su conmovedor transito. Y PREGUNTAS QUIÉN SOY, el mismo que se desviste y descalza cada noche para amarte, que anuncia su llegada con el correo perdido, ese que tiene muchas cicatrices en el cuerpo y algo de sangre en el alma, que enseña a leer y escribir con mensajes de agua, el que solo aprende los rostros que quiere, guardándose los odios para otro día, que gusta del futbol y los libros, la mesa servida para los ausentes, que no te habla mucho porque siempre, quiere escuchar como rompes el silencio, un hombre formal, yo, Rodríguez Saavedra, Sergio.

Mirarse en el espejo y no ver por detrás, presentir que afuera anda libre un túnel que se tragó esta historia. La vieja pared de los conjuros, el tiempo olvidado en la caverna, al revés de esta imagen, como un hueco entre dos sitios. Sergio Ojeda Barías, 1965. Conoce el frío de Puerto Natales. Yo conozco de sus letras “Pedazo de mundo” que aparece en el fin y en el principio, como su primer libro. El valle agradece su nombre propio, no vaya a ser que después le cierren los candados del paraíso y todo sea una mariposa de neblina. Su brillante colaboración en revistas literarias ha sido quizás resultado del encuentro en sus años mozos, entre otros que no recuerdo o aún no conozco, con los poetas Mario García, Sergio Rodríguez, Leo Lobos a principios de los años ’80 en la facultad de humanidades de la Universidad de la Serena. Desde ese centro de estudios de filosofía y educación, Sergio Ojeda nos baña de su poesía, de rock, de su descontento y nos muestra un sinfín de iconos imposibles de confundir. De madrugada las palabras van mordiendo café, se aferran al mundo, son cristales que vuelven al líquido. La historia del hombre trae restos de verdad y llenamos la copa de recuerdo en desuso… En un acto de fe construimos diálogos acerca de todas las cosas y jamás dejamos traer la noche a nuestro dormitorio. Que sería del poeta si no luchara contra el entorno mezquino que lo rodea, que sería de él, si dejase la noche muda de lamentos, sin la música, sin las copas, sin el brillo de la botella vacía. Y más aún, como equilibrar ese mismo grito con el deseo mudo de las noches y en ese equilibrio acarrear multitudes, pedazos de vida que se apegan al cuerpo como una maldición. Sabemos que no existe nada peor que la indiferencia, retomamos una y otra vez las imágenes, las noticias, los colegas que llegan al cuarto piso ahí en la calle Amunátegui en el centro de Santiago de este Chile que acompaña. Sabemos por las letras de Ojeda que la ciudad no duerme, siempre está despierta esperando los oídos, los ojos y el palpitar de nuevos corazones.

Destapo el abismo bajo la cama, la frialdad entra buscando refugio. Cecilia Palma, (1962). Viaja por la ciudad con documentos, llega a sus lugares y deja su protección sobre la mesa para decirnos que tiene movilidad propia. Sabe de carretas y de la textura del cemento, escribe la tristeza de esta ciudad para propiciar nuestra conciencia. En una esquina deslumbrando a la muerte, observa las figuras que como sombras pasean por calles padeciendo de vida, vida fortuita y cansada, congelada en algún juego de la niñez. Enfrentada al miedo, escapa de los pisotones y de las circunstancias, para abrir un canal de comunicación y una estancia para sus letras. Calla dictador de la mordaza fecundo hacedor de censura, escapo de las paredes a buscar las últimas estrellas que no se rinden al sol, salgo a recuperar la pupila suspendida en el aire, a mi risa perdida en una esquina cualquiera. En su recorrido habla a las gentes, a los que ha conocido y ya partieron, a los que quisiera que estuvieran ahí, junto a ella, junto al manto blanco de la noche. Vendrás este invierno, lo sé, vendrás al final de la noche al acecho, tu obsesión de esa escritura, en esa imperfecta intención mencionada a la hora del té, persistirá, arrancará soberbios recuerdos en la clausura. Su preocupación por la historia, por los personajes que han sido importantes en su vida, clama con fluidez en sus versos, en su prosa, en su investigación, no dejando tiempo para que se apresure la noche. La pérdida es un abismo sobre la conciencia, un girasol que se deja vencer en invierno y la muerta un insondable al acecho de su propia fuga. El hombre sepulta sus escritos a la espera de su última noche.

A pesar de que es fácil encontrar referencias poéticas de Leo Lobos, (1966). me permito dedicarle este párrafo a mi amigo, un artista integral que viaja en la misión de reintegrar a las artes, en un nuevo lenguaje, en una nueva técnica. Constructor de lápiz de tinta, de carbón, de sueños; de pinceles de oleo, acrílico y de sangre; de acordes en mi mayor, en sol y en la. Su presencia no es extraña en esta Antología, tampoco en otras, Leo Lobos no es un extraño para el mundo, sus versos nacen en varias lenguas y su pluma hace los versos de otros en nuestra lengua, para comprender un poco más, para viajar. …mis dedos escriben en el aire hoja tras hoja en el árbol de mi vida, mis dedos escriben un sin nombre en el aire de estos días. Sus letras acampan a la orilla del camino, atentas a los paseantes que se deslizan por la arena y se quedan allí. el automóvil está poseído por la fuerza de los animales que le habitan como un carruaje tirado por caballos, sobre piedras húmedas de un pasado verano, Río de Janeiro aparece de repente como la secreta forma que el atlántico deja ver desde sus colinas de azúcar. Conocedor de la necesidad del nuevo hacer, inventa tiempos para los encuentros, para los resultados. Leo Lobos construye puentes que cruzan los océanos, invierten la tierra, invita a participar de la ronda indispensable. Un idioma a la vez fascinante, a la vez misterioso y conocido, oír e ir en su música, en sus luces y propias y universales sombras, fotografiar, por tan sólo un segundo, fotografiar con su mirada los perfiles de ser posible, flotar dentro de la sala como un pájaro en la tormenta. Referente de las nuevas generaciones por su interés en integrar a los artistas con las artes, a los amigos con los más amigos, a la historia con la verdadera historia para cultivar nuevos sueños y presentarlos en el escenario de la ciudad, de esta ciudad y el resto de las ciudades. Leo Lobos es un acuñador de esfuerzos, de anhelos e inquietudes sobre el futuro de las galaxias. Las palabras son puertas que abren y cierran sus alas, las palabras son múltiples y contradictorias y poseen el ritmo del trote de un caballo en el pastizal. Sonido perpetuo, interminable llamado al infinito que resiste ante la indolencia de una sociedad injusta y se instala pues no dan lo mismo los futuros. Un día viene después de otro día, y para mí, un día nunca es un día cualquiera, son estas las responsabilidades de ser en un paisaje desierto de humanidad.

Antes de terminar esta reseña deseo insinuar a una parte de mi pueblo, la lucha incansable de los tiempos ancestrales, pues está presente en la poesía de Jaime Huenún, (1966). Un baluarte de los tiempos y los espacios más desconocidos, más enriquecidos por la historia y a la vez más abandonados por el mercado y los caprichos. La poesía es lo que escribo, el agua sobre el agua, me dije contemplando el rocío de las hojas. Huenún nos entrega las ceremonias del amor, el fogón encendido, los pasos del purrún, y toda esa desconocida que se hace conocida con sus letras. Como sombras de lluvia hemos pasado por la amarga tierra de los brujos. La luna se enlutó sobre la nieve como sangre de Dios en las alturas. Y nosotros veneramos las alturas, es por eso que subimos a este monte. Cierra su hermano la serie e inicia el despertar de un nuevo espacio, al que están invitados todos ustedes, los lectores de este tiempo. He tenido la oportunidad de conocer a Jaime, he escuchado su protesta contra la barbarie de los gobernantes y sus fuerzas, hemos bebido café frente a la cordillera y hemos vaciado copas en compañía de otros amigos, gracias a la invitación del músico de Killa Antay, Patricio Pizarro que ha dado acordes a sus letras, las ha transformado en una nueva expresión de arte, un disco de poesía musicalizada e interpretada desde la plástica. Allí se encuentran los poetas José María Memet, Sergio Rodríguez Saavedra, Cecilia Palma, Leo Lobos, Jaime Huenún y quien escribe, haciendo al ritmo de este siglo, con la experiencia, sabiduría y tecnología de estos días.

Todas y cada una de las letras vienen marchando para decirnos algo, todas provienen de una misma tierra aunque de lejanas galaxias del inconsciente consciente, contienen su sonido curioso de oídos que las escuchen, me quedo corto y creo también asumiendo el riesgo, que he dejado arbitrariamente fuera a otros con lo que me encontrado, no por astucia ni envidia, sino por el deseo de descubrimiento que viaja en este texto, que pretende dejar abierto el puente que entremezcle a los lectores con el cuerpo total de la visión de Julián Gutiérrez y está Ventana Abierta Editorial que contribuye al mismo fin, que se transforma en principio.


Christian González Díaz. Poeta, narrador y activista.
Más información del autor en: http://christan.gonzalez.googlepages.com/home

martes, enero 11, 2011

Rafael Courtoisie


Diario La República, Montevideo 9/1/2011

LOS MAS CRUCIALES DILEMAS
por Hugo Acevedo

Rafael Courtoisie es una de las plumas referentes de la literatura uruguaya contemporánea, que ha transitado, con singular éxito, virtualmente todos los géneros literarios.

A su sabiduría narrativa el autor compatriota suma su reconocida sensibilidad poética y una fina intuición para reflexionar sobre los temas más cruciales de nuestro tiempo.

Su obra "Santo remedio" fue elegida, en 2006, por algunas editoriales españolas y la Fundación Lara, como una de las seis mejores novelas publicadas en español.

La producción narrativa del autor incluye títulos tan emblemáticos como "Cadáveres exquisitos" (Premio de la Crítica), "Vida de Perro" (Premio Nacional de Narrativa del Ministerio de Educación y Cultura), "Tajos" y "Caras extrañas".

El autor también ha descollado en poesía: "Contrabando de Auroras" (1977), "Tiro de Gracia" (1981), "Orden de Cosas" (1986), "Cambio de Estado" (1990), "Las jaulas de la paciencia" (1995), "Estado sólido" (1996), "Umbría" (1999), "Instrucciones para leer ceniza" (1994) y "Palabras de la noche" (2006), entre otros títulos.

Courtoisie, que ha cosechado premios y reconocimientos internacionales, es un creador inteligente y versátil, que seduce por su erudito manejo del lenguaje, su originalidad, su osadía y su inteligente utilización de la ironía.

Su escritura suele abundar en metáforas, que respaldan una construcción estética caracterizada por la sutileza y por la intuición propia de un avezado creador.

En su extensa carrera literaria, Rafael Courtoisie ha corroborado su intrínseca cualidad de atento retratista de la condición humana, mediante una literatura perceptiva y profundamente reflexiva.

En "Tiranos temblad", el polifacético escritor construye una obra sólida, profunda y consistente, que discurre entre la meditación de naturaleza filosófica y un análisis de las más inquietantes incertidumbres contemporáneas.

El trabajo reúne un extenso tramo de la producción más reciente del autor correspondiente al período 2004-2010, que confirma, una vez más, una madurez creativa en permanente evolución hacia niveles de real excelencia.

El libro, escrito en estructura poética y de prosa poética, impacta por la acerada calidad literaria, la diversidad temática y la profundidad de sus planteos.

El texto inicial es el inédito "Tiranos temblad", que reflexiona sobre la naturaleza misma de la violencia y el autoritarismo, ambos fenómenos intrínsecos a la condición humana.

De algún modo, esta primera aproximación a las tribulaciones del autor anticipa el ulterior desarrollo de una obra caudalosa y contundente, que impacta, remueve e interpela.

Rafael Courtoisie teje pacientemente la compleja trama de su creación literaria, que es fácilmente extrapolable a nuestra peripecia de seres sentipensantes, siempre poblada de apoteósicos triunfos y desoladoras derrotas.

La escritura del poeta y narrador está impregnada de metáforas y simbolismos, en un discurrir que no teme desafiar a las convenciones, los dogmas y las verdades absolutas.

En sus permanentes alusiones a la naturaleza, que es el hábitat natural del ser humano, el autor toma al caracol como una suerte de paradigma de la paciencia y de la perdurabilidad, aunque no soslaya su cualidad de predador.

"Tiranos temblad" interpela y nos interpela, en torno a los más cruciales dilemas de la sociedad contemporánea, sus intolerables frivolidades, sus agudas disfuncionalidades y hasta sus dramáticas contradicciones.

En un tiempo histórico de ausencia de debate y discursos habitualmente vacíos, Rafael Courtoisie confirma su cualidad de fino y acendrado creador e intelectual de fuste.

(Edición Ministerio de RREE)

domingo, junio 27, 2010

La única película que no hemos visto CECILIA PALMA POETA

historia sucinta_0003.wmv CECILIA PALMA/ POETA

jueves, junio 10, 2010

LILIAN ELPHICK

Fotografía: Autorretrato de Tina Modotti






ABISMOS HABITUALES IV



Refúgiate aquí, en el hueco oscuro de mis ojos.

Sé mi otra mirada: la que nunca vio a la mano lanzando poemas de amor al despeñadero de las causas perdidas.

Lee en mis párpados todas aquellas palabras que escribí al revés, para asegurar el placer solitario del espejismo.

Quiero arrastrarte, lector silencioso, a mi guarida, y lamer cada una de mis historias en tus costras, en las heridas que nadie acicaló, en tu costumbre de dejar que el tiempo ruede cama abajo.

lunes, mayo 24, 2010

DINKO PAVLOV, el trovador de la vida, ha muerto


Anoche 22 de mayo, cerca de las 23.00 horas, Dinko Pavlov se entregó al abrazo de la muerte, luego de dar una larga y valiente lucha a una enfermedad que casi siempre gana la batalla. El Vikingo, como solía decirle por su enorme estatura y estampa, murió en su Punta Arenas querida, lugar en el que eligió vivir y ejercer su labor de sicólogo, escritor y gestor cultural. Nació en La Serena en el año 1943, ciudad a la que regresaba de tanto en tanto, quizá como una necesidad de volver a sus primeros años, para acercarse a su origen, a su raíz y por cierto, para volver a sus queridos amigos; en esa ciudad, hace unos 5 años reencontró a su amor de juventud, Doris Caballero, quien seguramente, estuvo acompañándolo en ese trance íntimo entre la vida y la muerte.
Dinko fue incansable como escritor y como gestor cultural; producto de esto último, se realizaron en la región de Magallanes, gran cantidad de ferias del libro, charlas, recitales y encuentros de escritores, entre otras actividades; por lo que, merecidamente este 23 de abril, día internacional del libro, recibió un homenaje muy sentido, por parte de las filiales de Punta Arenas y La Serena.
El “Vikingo”, colaboró en la formación de "Cornamusa", organización que acogió a los escritores de Puerto Natales para luego ingresar a la Sociedad de Escritores de Magallanes, de la que fue presidente en varias oportunidades. Su obra abarcó los géneros de ensayo, cuento, novela y poesía: publicó: Escape Imaginario 1984; Atrapado, pero... con Salida 1986; Poetría 1986; Odas 1988; Impronta 1989; Chiloé Mágico 1994; Códigos Perdidos 1995; Sigo Vivo 1996; Desde el Sur del Sur en Sexo y Negro 1998; Boris y las Ratas 1999, Versos para una sirena solitaria en la caleta 2001; Para quien lance la primera piedra 2003; Con esta chicha me curo yo…, 2005; Versos para una sirena solitaria en una caleta, 2006 y Sin ser exactamente un virtuoso, 2009.
Para los que lo conocimos, podemos dar testimonio de la enorme capacidad torácica que poseía y de la que hacía uso en cualquier lugar y hora, especialmente en juergas bohemias o en reuniones entre amigos; porque, hay que decirlo, Dinko Pavlov era dueño de una voz impresionante, incluso, podría perfectamente haber incursionado en la ópera e incluso como autor y compositor, ganó los festivales de Cerro Sombrero, Puerto Natales y Cantar Vecinal de Punta Arenas.
Borde señalar que como resultado de la iniciativa de Dinko, Rolando Cárdenas, gran poeta magallánico, descansa en su ciudad natal desde el año 2005; las gestiones fueron coordinadas entre él y Reynaldo Lacámara, en la época, secretario general de la Sech, hoy presidente. Esta aventura hermosa a lo Quijote, tuvo ribetes exquisitos que por ahora, guardaré; pero que no quería dejar de mencionar, para intentar dar a conocer a quienes no lo ubican, a un hombre apasionado por la vida, generoso, un poco loco también; capaz de realizar cualquier empresa que se propusiese, como lo fue, exhumar al poeta Cárdenas y llevárselo en un ánfora de cobre hasta Punta Arenas; no sin antes, pasearla con un grupo de escritores, entre los que yo estaba, por todos los bares y boliches que el “Chico Cárdenas” frecuentaba.
Hay una pena que me ronda, porque Dinko se fue para siempre, pero aquí se queda su recuerdo y su alegría de vivir, estoy segura que por años comentaremos todas sus aventuras y sus locuras; pero también, su trabajo literario, su rebeldía y su compromiso político.

Cecilia Palma

AQUÍ ALGUNOS DE SUS TEXTOS

De Sigo vivo:

GUILLOTINA
Quiero ser irreverentemente actual
y arrancar las malas intenciones
de las cabezas,
tal el viento vuela sombreros
y rompe anemómetros.

DESVELOS
Conozco tu espalda palmo a palmo,
cada vértebra de cuello a coxis,
suave pendiente de hombros a cintura,
lenta subida en la cadera,
vertiginoso desliz hacia las piernas,
montaña rusa de pálida apariencia
sin gritos de alarma,
radiografía en positivo de tu enojo,
esperaría siglos te des vuelta,
pero casi ya no tengo tiempo.


BOHEMIA
Cual caballo mañoso de regreso al pago
mis bohemios pasos resuenan la escalera,
el Cerro "De la Cruz" me tiende su ladera
mientras las luces se apagan en el bajo;
un descanso en el balcón
mientras abre su ojo el sol en el estrecho,
me confundo en un abrazo
con las razas australes
que el Talo Mancilla
en el suelo dispusiera con paciencia
con piedras de colores naturales
capricho artístico de su alma aventurera.
Sigo al paso mi camino
hasta la última estación
de este Vía Crucis,
la parada donde Luchín, obligatoria,
último toque espirituoso de otra noche
antes de entrar en mi tibia madriguera.


De Desde el sur del sur en sexo y negro:

PINCOYAS DE PECERAS
A las chicas de Café Haití.
Se necesita señorita cansada
de entregar currículos,
humillada por manoseos
de seudo gerentes y viejos verdes;
agotada de revisar diarios y periódicos
con la ilusión de la pega decente,
espantada por visiones futuristas
en su barrio,
casada con el Lucho o el Jorge,
guagua por año,
chascona y maltratada.
Imprescindible buena presencia:
sonrisa permanente,
pasos cadenciosos y largos,
caderas pendulares,
obligatoria arrogancia de modelo top
y entrega imaginaria
a cada baboso que se atreva
a desnudarla a distancia
con la mirada.
Recibirá sueldo miserable,
a decir del vitalicio,
además del título bastardo:
"chica del café".
Alertas las Paolas, Patys,
Soledades o Jacques,
arranquen a tiempo
de la "pobla".


De Versos para una Sirena solitaria en la caleta:

ESTACIÓN AMATORIA

I
Para nacer es precio morir,
llegar a cero,
cerrar los ojos y quedarse mudos,
quietos,
acortar agonías,
cerrar cicatrices,
sin sangre que circule
y tome posesión la muerte
con su fría mano
y nacer de nuevo
venciendo todo:
distancias...edades,
ojalá que una de esas veces
le acierte a tu caleta.

II
Si, renuncio a la cordura
y las horas quietas,
renuncio a la respiración pausada,
prefiero adrenalina
recorriéndome a raudales
con tu peligrosa cercanía;
la muerte si es preciso
por un quejido amoroso
provocado en tus entrañas
por mis labios urgentes.

III
Y la fiera que en mí cohabita
se agazapó entre las ingles
en paciente espera:
instintiva,
al primer indicio positivo
ocupó tu cuerpo.
Ahora recorre tus rincones más íntimos,
hasta que otro demonio
más poderoso,
la desaloje.

IV
Cuando quede solo,
sin mi sombra siquiera,
y no me refleje en los espejos,
cuando haya equilibrio en mi vida,
será que ya no viva más sin darme cuenta,
intentaré tocar tu casa
pero mi mano crispada
traspasará la madera;
confundido pensaré entonces
sino seré mi sombra
y caminaré por las murallas
perdiendo la vertical
me cruzará la lluvia murmurando
que soy todo y nada,
que soy parte del aire, el agua,
el fuego y la lluvia;
cuando me quede solo
sin mi sombra siquiera.


VIII
Cuando la luna menguante
toca mis vísceras,
prefiero callar:
conoce de mareas,
de verdades a medias
y temas adversos
que siempre me asedian.
Total,
ya dará vueltas el globo
y cada sentimiento
ocupará su lugar exacto.

IX
El ojo de la noche
con su vórtice oscuro
me absorbió a su centro,
certero,
dejándome al desnudo,
pecados al aire
en mi irreverente audacia verbal,
saltando respetos ajenos,
exhortando de paso
a los demonios que me habitan
a soltar mi lengua.
De eso y algo más
soy capaz de arrepentirme,
aunque tarde
y ya Caín me haya convertido
en su sombra.

X
Y Dios me pidió:
"Sé mi compañero".
Le repliqué tajante:
"Prefiero seguir solo,
sin Vaticanos
ni Pedros renegados a mi lado".


De Para quién se atreva a lanzar la primera piedra:

VERSÍCULO I
Y abrí mis piernas al viento
para engendrar tempestades,
sentí su furia en mis entrañas,
afanado en penetrar
mis vulnerados espacios,
de colarse por estrechos conductos
y atrapar al óvulo que,
ciego y descuidado,
abandonaba su origen.
Tomó posesión, satisfecho,
dispuesto a esperar,
ignorante de la píldora
detonante de mi último vestigio
de vieja prostituta

VERSÍCULO II
La hormiga miró agradecida
desde el charco de mi orina
de diabética,
mientras vuelvo al clandestino,
atrapada por la oscuridad
que impone el alcohol
que apaga mi rostro y mi sed,
máscara griega sonriente,
ayudándome a cabalgar otra noche
y tu compasiva pero también
prostituida ternura,
máscara griega trágica.



De Los ángeles no tienen sexo, pero... yo sí:

I
Cuando todo en calma,
oscuros rincones
familiares al tacto
acogiendo al espíritu,
te apareces sigilosa tras mi sombra
entibiando el ambiente,
mirada y sonrisa a flor de ti
iluminan esta memoria mía
y consigo paz para otro atardecer
en esta Patagonia de helado aliento,
de pronto tan hostil,
pero... tan nuestra.

II
No es sencilla esta ausencia
entre gente que cree superficialidades,
curada de espanto
y agotados sus asombros,
incapaces de medir los vacíos
de la orfandad que te intuyo,
gota intermitente igual cala la roca
y surca profundo
con la paciencia de años,
te habita silenciosa,
como cae la nieve
en la oscuridad
al otro lado de tu puerta.


De Ni perdón ni olvido:

HOMBRES DE PRESIDIO
Cuerpos y rostros para evocar castigos,
tipología de Lombroso viva,
cincelada a fuego,
nexo entre Castells y los presos
siempre esperando sus favores
a cambio de conductas atroces;
astillas de un mismo palo
en pro de la disciplina conciente
frente a esos desgraciados
que osaran atravesarse a sus instintos.
Sus virtudes infrahumanas
volvían un chiste al infierno de Dante Aligheri.
Tales fueron los mandantes del Capitán
por esos aciagos días.


CORTIZO
El odio de todos los presos
concentraba Gumercindo Cortizo.
Incapaz de nada más que obedecer,
un crótalo semejaba
de tan traidor y venenoso.
Obstáculo para su libertad
eran los presos políticos,
estorbo y conflicto permanente
con sus desórdenes, protestas
y rebeldía de izquierda.
Y el odio era recíproco,
natural como el aire.
Representaba para ellos:
hacinamiento indecente,
suspensión de visitas y comidas,
mezclarse con reos tísicos o sifilíticos,
cuerpos con llagas,
sin agua ni medicinas,
la mierda rebalsando los inodoros.
Y era su rostro amarillento
al frente de asesinos escogidos,
invadiendo "La Leona" a sangre y garrote
a fines de enero del treinta y dos.
Protegido en un rincón,
dirigiendo el abuso desde las sombras
trémulo de tanta cobardía.
Así como otros la barbarie, la fuerza,
la astucia o el valor,
él fue la hipocresía;
corcho flotante en todas las aguas,
logró por fin la libertad ansiada
de mano de los propios masacrados,
que lograron por fin
arrancar la venda a la justicia.


De Cuando la tarde languidece renacen las sombras:

*
La ciudad insomne,
sus cuadrados ojos abiertos,
reposa con latidos sincopados
cabalgando callejones y esquinas,
oscuros ladridos la desbordan
más allá de sus límites.
Mis ojos suspendidos
hieren la noche,
mientras arden mis venas
el sol en ellas,
taladro tus entrañas
dando luz a tu histérica ceguera
*
Tras la vidriera
donde me ha ubicado
tu indiferencia,
anuncio tu pausada muerte,
tu lejanía lenta,
enfriando cenizas;
desde hoy
te vuelves pasado irremediable
como la voz que te anunciaba en mí,
quemando tus fragmentos
como alas de mariposa
a la luz de las brasas,
lo anuncio desde hoy.
*
Suspendidas mis ansias,
una muerte a pausas sobreviene,
se va apagando lenta mi vitalidad
cuando te ciegas a mi presencia.
Atrapados tus aromas
entre sábanas vacías,
envuelven mi sintonía,
cual mortaja cada noche;
moderno Tántalo me vuelvo,
la noche interminable
navega sutiles mares de espuma
tras singladuras de besos
ausentes o ya perdidos.
*
Mis manos,
arcos de violín bien afinado
se despliegan golosos sobre tu piel
acompañando mi discurso,
lluvia floral
revoloteando auroras,
perdiéndose en tus oídos,
hoy laberintos mudos,
un insomnio permanente.

lunes, mayo 03, 2010

VALIDATION

martes, noviembre 03, 2009

Miedo al miedo



Cecilia Palma

Nuestra Latinoamérica posee una tradición de la literatura del terror diferente a la vieja Europa; más bien, las historias de nuestros pueblos son aquellas que adornan los aspectos misteriosos representados en leyendas y relatos que la han nutrido. El sabor que ha sazonado nuestros escritos tiene más que ver con lo que Lovecraft -escritor estadounidense y autor de narraciones de terror y ciencia ficción- dijo en alguna oportunidad: «La emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido». A este escritor se le considera un gran innovador del cuento de terror, ya que aportó una mitología propia, yendo más allá del satanismo y los fantasmas, incorporando elementos de ciencia ficción en sus relatos, donde campean voces desconocidas, seres innominados, fenómenos indescriptibles, generándose un ambiente donde predomina lo irracional y los pavores ancestrales a fluidos, materias orgánicas, manchas sin color preciso (El color que cayó del cielo, uno de sus título más famosos, ilustra muy bien esos sentimientos).

Sin embargo, deseo quedarme con esa frase que mencioné debido a que, efectivamente en el relato popular de nuestros pueblos, se encuentra prendido en el imaginario, la emoción del miedo y es este miedo el que se transforma poco a poco; como en una sinfonía clásica de Tchaikovsky , donde la expresión del terror ingresa primero al cerebro y luego al cuerpo.

Con estas narraciones, los protagonistas, campesinos o urbanos, explican generalmente algún fenómeno físico o químico que no puede ser comprendido. La tarea que, por lo tanto, se da el escritor, es tomar algunos de estos relatos y convertirlos en historias en las que los seres nocturnos toman protagonismo y de esta manera aparecen, las novias tras los árboles, los niños cantando en un bosque, los vampiros sedientos que pese a lo bárbaro de su existencia, filosofan, a veces, enterneciendo al lector; los espectros, que por alguna razón se paran a la orilla de la carretera para solicitar ser llevados algunos kilómetros más adelante, los barcos fantasmas que se llevan a los muertos y los engendros del bosque que entran en las habitaciones de las doncellas para robarles la virginidad.

Cuando era niña y anochecía, no podía bajar de mi cama una vez que ya me encontraba en ella. Debajo, estaban esperando seres malévolos que estiraban sus manos como garras para tomar mis tobillos si yo osaba bajar hasta el suelo. Este recuerdo lo encontré entre otros tantos, cuando pensé en elegir el tema para este Encuentro. Una sonrisa se dibujó ese día en mi rostro, pensé en cómo la inocencia me poseía y me hacía pasar noches enteras esperando el alba para ir al baño; sin embargo, más adelante, aún adolescente, mi imaginación me regaló una serie de experiencias que estaban todas ligadas con estos seres que el cerebro fabrica cuando tenemos miedo y, tal como señalaba Lovecraft, ese miedo alimentaba a mi miedo. Así, conocí fantasmas, de los buenos y de los malos y padecí de sudores fríos a causa del terror. Estos elementos son exquisitos ingredientes para la literatura. Horacio Quiroga narró muchas historias, donde los seres que se presentan al caer la noche, tenían un rol protagónico.

Recuerdo en este instante, por ejemplo, ese relato que está basado en una leyenda urbana muy particular, y que en su época causó una conmoción casi histérica. Al parecer, muchas mujeres comenzaban a debilitarse durante las primeras semanas de matrimonio. Lentamente perdían el color de la piel y también mostraban signos de rigidez muscular, lo cual daba una impresión de profunda fragilidad, como si se tratase de delicadas muñecas de porcelana. Luego de algunos días, o semanas, las jóvenes finalmente se consumían. Me refiero a El almohadón de plumas. En esos años, el imaginario urbano hablaba de vampirismo; sin embargo, Quiroga encontró una combinación de ese temor inconsciente con el raciocinio; porque recordemos que finalmente el culpable de estas muertes por debilitamiento se encontraba entre las plumas del almohadón que estas mujeres usaban. Aún tengo en mi mente la sensación que logró traspasar a mi joven cuerpo, cuando leí por primera vez este cuento. Esa noche golpeé fuertemente mi almohada, aún cuando no era precisamente de plumas.

Otros escritores latinos que han dedicado a lo menos un trabajo a los seres de la noche o a la literatura del terror son Julio Cortázar con su cuento Continuidad de los parques, Rubén Darío, que escribió, en su paso por Argentina, un texto llamado Thanatopía y Ernesto Sábato, que incursionó en la paranoia del terror en su novela El túnel, tema que llevaría a su máximo desarrollo en la tercera parte de su ficción Sobre héroes y tumbas, el famoso Informe sobre ciegos, tal vez el texto más aterrador y demencial escrito en América Latina.

En Chile, la literatura del terror no llegó a nuestros registros, pero sí se urdieron magníficos relatos que llegaron a convertirse en leyendas; en ellas, los seres noctámbulos deambulan por carreteras, bosques y mares; entre ellos se encuentra incluido el mismo Satanás quien, en lo general, es el comprador de algún alma ambiciosa. Chiloé, una isla muy al sur de mi país, es escenario de exquisitos relatos donde los personajes principales son seres fantásticos que viven en el imaginario colectivo de la zona como si fuesen reales.

Llega la noche en la isla y sus habitantes cuidan de guardarse en casa con las ventanas cerradas porque afuera, la oscuridad custodia y protege al Trauco, un ser elemental que apoya a Lucifer en su lucha contra los ángeles y que fue castigado a vagar por la tierra con su cuerpo deforme, cuyo entretenimiento es quitar la virginidad a las doncellas, a quienes deja irremediablemente embarazadas. Circula también la Condena (por condenada); ella fue transformada en un espectro que persigue a los hombres, quienes, pese a su horrible aspecto, no pueden resistirse y caen en sus brazos; y es preciso agregar a la Fiora, hija y amante contra natura del Trauco, de horrible aspecto, tal como lo son sus progenitores. Fiora posee un apetito sexual como el de su madre y luego que caza a los hombres, los enloquece. Se dice que de sus relaciones con su padre nacerán más traucos (varones) o fioras (hembras) para seguir sus pasos. Con su aliento hediondo (igual al de su padre) es capaz de doblegar completamente a sus víctimas. También se la culpa de raptar y hacer desaparecer a niños, a los que transforma en seres similares a sus hijos.

Es obvio mencionar que si una jovencita de la zona perdió la compostura y quedó embarazada, llega a casa inventando que el Trauco la violó; así, existen miles de hijos del ser abominable justificando el desliz de sus madres; aún en nuestros días, quedan alejados parajes, donde se mantiene el mito como cierto.

En Chiloé, aparte de esta familia, también existe dentro de sus mitos el espectro llamado la Viuda, una mujer que murió ahogada al zozobrar su pequeña embarcación en el mar. Se la representa como una mujer vestida de negro que sigue a los jóvenes y los atrapa, abrazándolos por la espalda y dominándolos con su pestilente aliento (repitiéndose en ella los rasgos de la Fiora) los amenaza para satisfacer sus deseos carnales: aquel que se le niegue, le espera un abrazo de muerte. Están además, los Imbunches, llamados, asimismo, Machucos: se trata de niños entregados a brujos, quienes deforman a los inocentes con sus artes, volteando su cabeza y girando su pierna derecha hasta quedar sobre su espinazo, de tal modo que este engendro camina con sus dos manos y la pierna izquierda. Su función es vigilar la cueva del brujo, asustando con gritos guturales al que ose acercarse y, a quien lo contemple, es asesinado. Anda completamente desnudo y es alimentado por sus amos con carne humana. Los brujos vuelan usando un chaleco hecho de piel de cadáver conocido como Macuñ y las brujas logran elevarse por los aires al beber el jugo de una planta que les hace vomitar sus entrañas, luego de lo cual, las guardan dentro de una olla de cobre y ocultan entre la vegetación; entonces se transforman en aves y pasan a llamarse voladoras. Si sucede que esta bruja regresa y le han robado la olla que contiene sus entrañas, queda convertida en un ave rapaz, hasta su próxima muerte.

Estos seres convierten a los relatos, regularmente orales, en apasionantes y fantásticas veladas en la zona sureña de Chile. Tales leyendas, han ido recopilándose, fundamentalmente por investigadores y escritores de la propia región y, gracias a esas compilaciones escritas, se han masificado, adquiriendo popularidad en el resto de Chile.

Cuando me enfrenté a este tema y mientras pensaba en los motivos que serían partícipes de estas palabras, pregunté a varios amigos, entre ellos algunos escritores, acerca de cuáles eran sus terrores y qué seres son los que, alguna vez, les habrían quitado el sueño. Las respuestas fueron tan variadas, como las personas que consulté. Descubrí que el tema, aunque no se maneje a niveles cotidianos y confesables, no es un mero comentario para algunas personas y he aquí algunas de sus respuestas: imágenes religiosas, especialmente de ángeles, duendes que habitan bajo la cama, fantasmas y ruidos nocturnos, sobre todo en pasajes o calles oscuras. Pero hubo un comentario que modificó mi posible investigación y la línea que pensaba iba a tomar este trabajo. Se trata de los represores: personas de carne y hueso que hace más de treinta años echan la puerta abajo, en las casas de miles de personas, amparados por la oscuridad, a quienes torturan una y otra vez antes de hacerlos desaparecer y convertirlos en un nuevo rostro en el pecho de la madre. (No porque literalmente aún tengan estas prácticas sino porque se quedaron en el imaginario de las víctimas)

Son los espectros modernos de mi patria, esos que viven en el subconsciente de las generaciones heridas por el golpe militar de 1973. Estos hombres que se transformaron en demonios cazadores, que salían a diario por 17 años en busca de su presa, son inspiradores de una variada literatura del terror en mi país. Ellos definitivamente desplazaron a los seres mitológicos. De esta manera, caigo en la cuenta que estaba equivocada: hay mucha literatura en mi país acerca de estos seres de la noche que se convirtieron en temidos entes vespertinos para miles de personas. Este es un tema recurrente tanto en narradores como en poetas y que sigue vigente en los nudos literarios. Concluyo, por tanto, que el imaginario en este sentido se nutre desde la experiencia y el testimonio, pero por sobre todo del miedo.

El miedo, según la psicología y psiquiatría modernas, se encuentra dentro de la mente del individuo y, rara vez, se corresponde con alguna realidad concreta, puesto que es más bien una reacción primaria, que se sostiene frente a lo desconocido o a una experiencia (propia o cercana) asida por el cerebro, convirtiéndose en eco de los espantos, mucho más personales, que nos persiguen y agobian a través de las pesadillas; llegamos, por consiguiente, a pensar que el cuento de terror y los seres que lo habitan, son un intento catártico, el escape de ese mundo que emerge desde lo onírico, aunque el resultado sea morboso o siniestro. El escritor toma estos ingredientes y los traslada a un escenario al considerar la verosimilitud de la historia, porque la credibilidad del lector es un elemento fundamental para que suceda el compromiso necesario de su parte, y el miedo actúe igual que un contagio de la peor pandemia; cuando ello ocurre, él mismo es un portador del terror.

Así, la literatura fantástica del miedo, con una rica tradición en las letras latinoamericanas, se liga, en mi país, con los mitos y leyendas ancestrales del campo y el mar, que conocemos gracias al trabajo de antropólogos e investigadores que las han puesto por escrito.

Sin embargo, como mencioné, hay otra fuente en la pandemia del miedo y ella se encuentra en la historia política reciente de Chile. Muchos miles de personas continúan recordando los golpes en la puerta, casi siempre en la noche y la pesadilla alucinante que siguió a esa fatal interrupción del sueño. Los hijos y nietos de esas personas siguen escuchando el ruido nocturno de la represión, que se tradujo en fantasmas de carne y hueso que nunca más se fueron a sus cuarteles. Los escritores y escritoras chilenos, unos más, otros menos, también continuamos viviendo con ese miedo. Y la literatura de nuestro país, por mucho tiempo más, se alimentará de ese temor innominado, de ese terror nocturno –y a veces diurno-, que aún no nos deja dormir en paz ni vivir con tranquilidad.

EL CIEGO

(Cecilia Palma)

El ciego golpea su marcha
toques suaves
precisos golpes de
bastón en braille
no conoce el ciego su rumbo
lo pulsa
secretea con la bruja
le pregunta por ti
las piedras las rubrica con
su estela de toqueteo
el ciego
anónimo su andar
negra
negra
su línea de fuga
pero camina

domingo, junio 28, 2009

ALTURAS DE COPÁN


de Reynaldo Lacámara



Honduras, no te vayas a morir ahora

-sólo ayer te conocí-

no entierren a los campesinos de Copán,

ayer bailaban

en el corazón de Comayagua y Yuscarán.


Morenos también danzaban

su idioma de selva y pesca,

en la grande sábana,

donde humedales

mantienen lo sustancial

eréctil

lanzado sobre la tierra.


Que no te maten tanques y disparos.

Con Alfonso Guillén y Froilán Turcios

y Barreras y Càrcamos

se mantiene la savia de Villeda.


Conversé con Pompeyo del Valle,

fue en los jardines de gobierno,

Zelaya invitó a los poetas a palacio

en ese abrazo,

ese Sol

ese día de ayer.


No quiero que a los míos se los lleven,

ni reconocer su calavera

más adentro del verso.



Bastante tengo con el dolor del Andes.



Que este movimiento homicida

no pueda contra tanta sangre,

que vengan los de Ocotepeque,

los de Lloro y La Ceiba

que vengan los de Copán

y que estemos nosotros

para cubrir esta hora lúcida.


Gire en el viento

y se mantenga en el aire,

la palabra libre, Honduras,

el pan que entrega la esperanza,

la cordura de su rostro.

jueves, noviembre 27, 2008

Poemas de Juan Gelman

Discurso de Juan Gelman

(Este es el discurso de Juan Gelman, en la ceremonia en que recibió el
Premio de Literatura Cervantes)

Majestades, Señor Presidente del Gobierno, Señor Ministro de Cultura, Señor Rector de la Universidad de Alcalá de Henares, autoridades estatales, autonómicas, locales y académicas, amigas, amigos, señoras y señores: Deseo, ante todo, expresar mi agradecimiento al jurado del Premio de Literatura en Lengua Castellana Miguel de Cervantes, a la alta investidura que lo patrocina y a las instituciones que hacen posible esta honrosísima distinción, la más preciada de la lengua, que hoy se me otorga. Mi gratitud es profunda y desborda lo meramente personal.
En el año 2006 se galardonó con este Premio al gran poeta español Antonio Gamoneda y en el 2007 lo recibe también un poeta, esta vez de Iberoamérica. Se premia a la poesía entonces, 'que es como una doncella tierna y de poca edad y en todo extremo hermosa' para don Quijote, doncella que, dice Cervantes en 'Viaje del Parnaso', 'puede pintar en la mitad del día la noche, y en la noche más escura el alba bella que las perlas cría... Es de ingenio tan vivo y admirable que a veces toca en puntos que suspenden, por tener no se qué de inescrutable'. A la poesía hoy se premia, como fuera premiada ayer y aun antes en este histórico Paraninfo donde voces muy altas resuenan todavía. Y es algo verdaderamente admirable en estos 'Dürftiger Zeite', estos tiempos mezquinos, estos tiempos de penuria, como los calificaba Hölderin preguntándose 'Wozu Dichter', para qué poetas.
¿Qué hubiera dicho hoy, en un mundo en el que cada tres segundos y medio un niño menor de 5 años muere de enfermedades curables, de hambre, de pobreza?
Me pregunto cuántos habrán fallecido desde que comencé a decir estas palabras. Pero ahí está la poesía: de pie contra la muerte. Safo habló del bello huerto en el que 'un agua fresca rumorea entre las ramas de los manzanos, todo el lugar sombreado por las rosas y del ramaje tembloroso el sueño descendía', Mallarmé conoció la desnudez de los sueños dispersos, Santa Teresa recogía las imágenes y los fantasmas de los objetos que mueven apetitos, San Juan bebió el vino de amor que sólo una copa sirve, Cavalcanti vio a la mujer que hacía temblar de claridad el aire, Hildegarda de Bingen lloró las suaves lágrimas de la compunción, y tanta belleza cargada de más vida causa el temblor de todo el ser. ¿No será la palabra poética el sueño de otro sueño?
1 Santa Teresa y San Juan de la Cruz tuvieron para mí un significado muy particular en el exilio al que me condenó la dictadura militar argentina. Su lectura desde otro lugar me reunió con lo que yo mismo sentía, es decir, la presencia ausente de lo amado, Dios para ellos, el país del que fui expulsado para mí. Y cuánta compañía de imposible me brindaron. Ese es un destino 'que no es sino morir muchas veces', comprobaba Teresa de Avila. Y yo moría muchas veces y más con cada noticia de un amigo o compañero asesinado o desaparecido que agrandaba la pérdida de lo amado. La dictadura militar argentina desapareció a 30.000 personas y cabe señalar que la palabra 'desaparecido' es una sola, pero encierra cuatro conceptos: el secuestro de ciudadanas y ciudadanos inermes, su tortura, su asesinato y la desaparición de sus restos en el fuego, en el mar o en suelo ignoto. El Quijote me abría entonces manantiales de consuelo. Lo leí por primera vez en mi adolescencia y con placer extremo después de cruzar, no sin esfuerzo, la barrera de las imposiciones escolares. Me acuciaba una pregunta: ¿cómo habrá sido el hombre, don Miguel? Conocía su vida de pobreza y
sufrimiento, sus cárceles, su cautiverio en Argel, su Lepanto, los intentos fallidos de mejorar su suerte. Pero él, ¿quién era? Releía el autorretrato que trazó en el prólogo de las Novelas Ejemplares: 'Este que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada', que nada me decía, salvo la mención de sus 'alegres ojos'. Comprendí entonces que él era en su escritura. Me interno en ella y aún hoy creo a veces escuchar sus carcajadas cuando acostaba al Caballero de la Triste Figura en el papel. Sólo quien, desde el dolor, ha escrito con verdadero goce puede dar a sus lectores un gozo semejante. Cómico es el rostro de la tragedia cuando se mira a sí misma.
Declaro que, en verdad. quise recorrer ante ustedes, con ustedes, los trabajos de Persiles y Sigismunda, o la locura quebradiza del licenciado Vidriera, o compartir la nueva admiración y la nueva maravilla del coloquio de los perros, o el combate verdaderamente ejemplar entre los poetas malos y los buenos que tiene lugar en 'Viaje del Parnaso' y en el que cualquier buen poeta podía caer herido por un pésimo soneto bien arrojado. Pero tal como la lámpara alimentada a querosén que los campesinos de mi país encienden a la noche y alrededor de la cual se sientan a cenar, cuando hay, y luego a leer, cuando hay y cuando hay ganas, y a la que mosquitos y otros seres alados acuden ciegos de luz y la calor los mata, así yo, encandilado por don Alonso Quijano, no puedo sustraerme a su fulgor.
Muchas plumas hondas y brillantes han explorado los rincones del gran libro. Por eso, parafraseando al autor, declaro sin ironía alguna que, con seguridad, este discurso carece de invención, es menguado de estilo, pobre de conceptos, falto de toda erudición y doctrina. Sólo hablo como lector devoto de Cervantes, pero quién puede describir los territorios del asombro. Con mucha suerte y perspicacia, es posible apenas sentarse a la sombra de lo que siempre calla.
2 Cervantes se instala en un supuesto pasado de nobleza e hidalguía para criticar las injusticias de su época, que son las mismas de hoy: la pobreza, la opresión, la corrupción arriba y la impotencia abajo, la imposibilidad de mejorar los tiempos de penuria que Hölderlin nombró. Se burla de ese intento de cambio y se burla de esa burla porque sabe que jamás será posible terminar con la utopía, recortar la capacidad de sueño y de deseo de los seres humanos. Cervantes inventó la primera novela moderna, que contiene y es madre de todas las novedades posteriores, de Kafka a Joyce. Y cuando en pleno siglo XX Michel Foucault encuentra en Raymond Roussel las características de la novela moderna, éstas: 'el espacio, el vacío, la muerte, la transgresión, la distancia, el delirio, el doble, la locura, el simulacro, la fractura del sujeto', uno se pregunta ¿qué? ¿No existe todo eso, y más, en la escritura de Cervantes?
Su modernidad no se limita a un singular universo literario. La más humana es un espejo en el que podemos aún mirarnos sin deformaciones en este siglo XXI. Dice Don Quijote: 'Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala (disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar la maldita máquina) y corta y acaba en un instante los pensamientos y la vida de quien la merecía gozar luengos siglos'.
Desde el lugar de presunto caballero andante quejoso de que las armas de fuego hayan sustituido a las espadas, y que una bala lejana torne inútil el combate cuerpo a cuerpo, Don Quijote destaca un hecho que ha modificado por completo la concepción de la muerte en Occidente: es la aparición de la muerte a distancia, cada vez más segura para el que mata, cada vez más terrible para el que muere. Pasaron al olvido las ceremonias públicas y organizadas que presidía el mismo agonizante en su lecho: la despedida de los familiares, los amigos, los vecinos, el dictado del testamento ante los deudos. La muerte hospitalizada llega hoy con un cortejo de silencios y mentiras. Y qué decir de los 200.000 civiles de Hiroshima que el coronel Paul Tobbets aniquiló desde la altura apretando un simple botón. Piloteaba un aparato que bautizó con el nombre de su madre, arrojó la bomba atómica y después durmió tranquilo todas las noches, dijo. Pocos conocen el nombre de las víctimas cuya vida el coronel había segado. La muerte se ha vuelto anónima y hay algo peor: hoy mismo centenares de miles de seres humanos son privados de la muerte propia. Así se da en Irak.
Creo, sin embargo, como el historiador y filósofo Juan Carlos Rodríguez, que el Quijote es una gran novela de amor. Del amor imposible. En el amor se da lo que no se tiene y se recibe lo que no se da y ahí está la presencia del ser amado nunca visto, el amor a un mundo más humano nunca visto y torpemente entrevisto, el amor a una mujer que no es y a una justicia para todos que no es. Son amores diferentes pero se juntan en un haz de fuego. ¿Y acaso no quisimos hacer quijotadas en alguna ocasión, ayudar a los flacos y menesterosos? ¿Luchando contra molinos de aspas de acero, que ya no de madera? ¿Despanzurrando odres de vino en vez de
enfrentar a los dueños del dolor ajeno? ¿'En este valle de lágrimas, en este mal mundo que tenemos -dice Sancho-, donde apenas se halla cosa que esté sin mezcla de maldad, embuste y bellaquería'?
He celebrado hace dos años, con ocasión de la entrega del Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, mi llegada a una España que no acepta las aventuras bélicas y que rompe clausuras sociales que hieren la intimidad de las personas. Hoy celebro nuevamente a una España empeñada en rescatar su memoria histórica, único camino para construir una conciencia cívica sólida que abra las puertas al futuro. Ya no vivimos en la Grecia del siglo V antes de Cristo en que los ciudadanos eran obligados a olvidar por decreto. Esa clase de olvido es imposible. Bien lo sabemos en nuestro Cono Sur.
Para San Agustín, la memoria es un santuario vasto, sin límite, en el que se llama a los recuerdos que a uno se le antojan. Pero hay recuerdos que no necesitan ser llamados y siempre están ahí y muestran su rostro sin descanso. Es el rostro de los seres amados que las dictaduras militares desaparecieron. Pesan en el interior de cada familiar, de cada amigo, de cada compañero de trabajo, alimentan preguntas incesantes: ¿cómo murieron? ¿Quiénes lo mataron? ¿Por qué? ¿Dónde están sus restos para recuperarlos y darles un lugar de
homenaje y de memoria? ¿Dónde está la verdad, su verdad? La nuestra es la verdad del sufrimiento. La de los asesinos, la cobardía del silencio. Así prolongan la impunidad de sus crímenes y la convierten en impunidad dos veces.
Enterrar a sus muertos es una ley no escrita, dice Antígona, una ley fija siempre, inmutable, que no es una ley de hoy sino una ley eterna que nadie sabe cuándo comenzó a regir. '¡Iba yo a pisotear esas leyes venerables, impuestas por los dioses, ante la antojadiza voluntad de un hombre, fuera el que fuera!', exclama. Así habla de y con los familiares de desaparecidos bajo las dictaduras militares que devastaron nuestros países. Y los hombres no han logrado aún lo que Medea pedía: curar el infortunio con el canto.
Hay quienes vilipendian este esfuerzo de memoria. Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar hacia adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas.
Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido verdadero. La memoria es memoria si es presente y así como Don Quijote limpiaba sus armas, hay que limpiar el pasado para que entre en su pasado. Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular.
Pero volviendo a algunos párrafos atrás: hay tanto que decir de Cervantes, de este hombre tan fuera del uso de los otros. De sus neologismos, por ejemplo. Salvo él, nadie vio a una persona caminar asnalmente. O llevar en la cabeza un baciyelmo. O bachillear. Don Quijote aprueba la creación de palabras nuevas, porque 'esto es
enriquecer la lengua, sobre quien tienen poder el vulgo y el uso'. Hace unos años ciertos poetas lanzaron una advertencia en tono casi legislativo: no hay que lastimar al lenguaje, como si éste fuera río coagulado, como si los pueblos no vinieran 'lastimándolo' desde que empezaron a nombrar. Cuando Lope dice 'siempre mañana y nunca mañanamos' agranda el lenguaje y muestra que el castellano vive, porque sólo no cambian las lenguas que están muertas. La lengua expande el lenguaje para hablar mejor consigo misma.
Esas invenciones laten en las entrañas de la lengua y traen balbuceos brisas de la infancia como memoria de la palabra que de afuera vino, tocó al infante en su cuna y le abrió una herida que nunca ha de cerrar. Esas palabras nuevas, ¿no son acaso una victoria contra los límites del lenguaje? ¿Acaso el aire no nos sigue hablando? ¿Y el mar, la lluvia, no tienen muchas voces? ¿Cuántas palabras aún desconocidas guardan en sus silencios? Hay millones de espacios sin nombrar y la poesía trabaja y nombra lo que no tiene nombre todavía.
Esto exige que el poeta despeje en sí caminos que no recorrió antes, que desbroce las malezas de su subjetividad, que no escuche el estrépito de la palabra impuesta, que explore los mil rostros que la vivencia abre en la imaginación, que encuentre la expresión que les dé rostro en la escritura. El internarse en sí mismo del poeta es un atrevimiento que lo expone a la intemperie. Aunque bien decía Rilke: '[...] lo que finalmente nos resguarda/es nuestra desprotección'. Ese atrevimiento conduce al poeta a un más adentro de sí que lo trasciende como ser. Es un trascender hacia sí mismo que se dirige a la verdad del corazón y a la verdad del mundo. Marina Tsvetaeva, la gran poeta rusa aniquilada por el estalinismo, recordó alguna vez que el poeta no vive para escribir. Escribe para vivir.

DISCURSO DE J.G. al recibir el Premio Cervantes


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